La cerámica vidriada ha sido usada durante milenios como una de las técnicas estrella para elementos decorativos como azulejos, numerosos objetos ornamentales como platos o jarrones e incluso joyas.

Macetas, recubrimientos para fachadas, antiguos mosaicos romanos o árabes, tazas de té chinas… La cerámica vidriada se encuentra, hoy en día, en multitud de adornos, y se trata de una de las técnicas decorativas más arcaica ya que prácticamente cualquier civilización ha recurrido a ella.

Desde Babilonia hasta Egipto, pasando por la antigua China antes de Cristo, junto con los griegos y romanos hasta quedarse totalmente implantada en la Edad Media donde la civilización árabe la incluyó como parte fundamental para recubrir la mayoría de sus fachadas.

Actualmente, la cerámica vidriada nos acompaña en muchos objetos y es aplicada para embellecer diferentes rincones, tanto en zonas públicas como en nuestros hogares. Veamos en qué consiste su técnica.

 

¿Cómo se consigue la cerámica vidriada?

En primer lugar debemos tener un objeto, ya sea cerámico o de terracota terminado, al que le aplicamos un esmalte que contenga plomo como es el óxido de plomo y se le somete a una cocción en el horno a una temperatura media de 800 grados.

Tanto la terracota como la cerámica poseen silicio que al someterse a esta temperatura entra en contacto con el plomo del barniz y se crea una capa de color transparente que recuerda al vidrio. Dependiendo de la clase de esmalte o los polvos metálicos que utilicemos esta capa de aspecto vítreo será de un color u otro, por ejemplo con el óxido de hierro obtendremos un tono rojizo, con el cromo será verde, azul si utilizamos cobalto o sulfato de cobre para un brillante turquesa. Por lo tanto, esa capa que se crea sirve para proteger los colores, dotando a cada objeto de gran resistencia pese al paso del tiempo.

Una de las características más interesantes de la cerámica vitrificada es observar cómo cada civilización ha ido perfeccionando la técnica y la obtención de colores por medio de ingredientes naturales, como en la Edad Media cuando se utilizaba pasta de barro y vino además del óxido de hierro.

A pesar de su oscuro pasado debido a las intoxicaciones a causa de la toxicidad del plomo, la cerámica vidriada que encontramos hoy en día está exenta de este elemento y por lo tanto sigue siendo igual de artesanal y decorativa que en siglos anteriores.